En Venezuela la situación socio política económica no está nada bien. Al parecer es como un barco sin rumbo que amenaza con irse a flote, llevándose con él a una gran cantidad de personas.

Esta gente quiere un referéndum, no por capricho, más bien porque es un derecho y las autoridades buscan más de mil maneras de decirles que no. Parece increíble, parece un cuento de terror, pero es así.

Los venezolanos marchan mientras pasan hambre y otras miserias, recogen firmas, activan mecanismos diversos, incluso aceptan diálogos, y todas, todas, las respuestas son negativas.

Ellos tenían oportunidad de recoger el 20% de las formas que exige la ley para activar el mecanismo, y días antes lo suspenden, según porque hay violencia, pero no se dan cuenta que la violencia se genera ante la negativa de darle una solución democrática al problema.

Interponen un amparo para que se reanude el proceso y el tribunal supremo de justicia, que responde a los intereses partidistas del gobierno, les niega el amparo y les dice que se aguanten.

No hay referéndum en eventual, pero sobre todo no hay esperanzas de que las cosas cambien. La situación social es cada vez más difícil, se vive en una súper inflación, el dólar sube y sube, mientras que el poder adquisitivo se hace inexistente.

Para que se hagan una idea, el sueldo mínimo en Venezuela es de menos de 20 dólares por mes y cada día alcanza para menos porque el bolívar se devalúa a cada monto.

No hay referéndum y no hay democracia, por mucho que el dialogo quiera aparentar que sí.